
Recuerdo perfectamente el momento en el que supe qué quería ser. Hasta entonces era de esas personas con futuro plenamente incierto. Mi futuro no sólo dependía de lo que me permitieran hacer los demás sino también de lo que yo decidiera intentar. La idea me vino sin pensar. En un momento de bromas, empecé a decir todas las posibilidades, incluso las más disparatadas. Y entre todas ellas, la última que mencioné, por la que estoy luchando en estos momentos, fue la que me hizo pensar. Lo que me extraña es que no lo hubiera pensado antes. Si desde ese momento parecía que todas mis costumbres e intereses me habían dirgido hacia esa idea. La ilusión por conseguir ser lo que quiero y quería entonces cada vez era mayor. Y cuanto más me lo cuestionaban, más me reafirmaba. Esto no lo hacía por rebeldía o por llevar la contraria, no, lo hacía porque tenía muy claro qué quería ser de "mayor" y no iba a permitir que alguien destrozara mi sueño. Y aquí estoy. De momento por el buen camino. Ya no hay nadie que intente hacerme cxambiar de idea. Ahora depende totalmente de lo que yo me siga implicando y en mis habilidades reales para conseguirlo. Ahora es a mí a la que le entran dudas. Pero sólo son eso, dudas, y las ganas por conseguirlo son más fuertes que todas esas dudas.










