
Siéntate en el banco de la reflexión, puede que te ayude a comprender muchas cosas. Pero cuidado, no te quedes mucho tiempo ahí sentado. Corres el riesgo de pensar demasiado y quizá saques conclusiones equivocadas.

Una vez llegads al borde, tenemos que decidir: lanzarse sin miedo o darse la vuelta y salir corriendo.
Yo llevo en ese borde mucho tiempo y todavía no he decidido qué hacer. Cómo odio ser tan indecisa...

Y siempre nos damos la espalda. Ninguno de los dos nos atrevemos a mirarnos frente a frente. Puede que tengamos miedo de desvelar así nuestros sentimientos. Puede que sólo seamos unos cobardes que no reconocen lo que llevan dentro. Pues hoy digo: ¡valor! que no hay nada que perder y es mucho lo que podemos ganar.



