29 de diciembre de 2008

Es todo tuyo


A veces entregamos nuestro corazón demasiado pronto. La otra persona nos ciega de tal manera que creemos que sabrá valorar ese gesto, que cuidará mejor que nadie de nuestro frágil regalo.
A veces entregamos nuestro corazón demasiado tarde. La otra persona esperó durante mucho tiempo a que decidieramos dar ese paso, pero cuando por fin lo damos ya no puede aceptarlo, el tiempo pasa y la vida lo cambia todo.
A veces entregamos nuestro corazón a la persona equivocada. La otra persona lo recibe como un juguete con el que pasar el tiempo. Usa juegos retorcidos para divertirse y como resultado tu corazón queda por los suelo hecho añicos.
Pero mucho peor es no entregar nunca nuestro corazón. La otra persona no sabrá nunca cómo eres en realidad, no podrá disfrutar jamás de de todo lo bueno que puedes ofrecer. Pero el más perjudicado no es la otra persona, eres tú y contigo, tu corazón. Este se volverá frío, casi sin vida. Le envenenará la soledad hasta que un día deje de sentir. Y es que a veces es mejor correr el riesgo de entregar nuestro corazón. Si lo hacemos a destiempo o a la persona menos adecuada, siempre podremos recuperarlo y reconstruirlo, siempre podremos volver a sentir y continuar con nuestra búsqueda.

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