
Si paseas por cualquier parque céntrico de alguna ciudad y te fijas en los árboles, verás que la mayoría de ellos están marcados por una historia. Un sin fin de parejas que pasaron por ese parque dicidieron dejar en él la huella de su amor. Y yo, al verlas, lo primero que pienso es: "cuántas de estas parejas seguirán hoy juntas, cuántas habrán dejado de quererse, cuántos momentos habrán vivido juntas desde la fecha en que grabaron sus nombres en la corteza de un árbol".
Pero, si tantas relaciones acaban mal, ¿por qué nos empeñamos en escribir nuestros nombres como si fueramos uno solo? Yo creo que es porque nos gusta creer que mientras dure esa marca durará nuestro amor, nuestra felicidad, es un símbolo de permanencia en el tiempo. Cuando en el fondo sabemos que las posibilidades de fracaso son enormes. Y es que nada dura eternamente.
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