13 de diciembre de 2008

Más que simples sueños


Me apasionan los sueños. Me encanta acostarme cada noche y no saber qué aventuras emocionantes emprenderé desde mi cama. Me gusta no controlar lo que sueño, dejarme llevar. Disfruto en un mundo inventado por mi mente, en el que todo es posible, no hay ni un sólo límite. En él puedo ser la persona más atrevida o la más indefensa. Incluso las peores peores pesadillas me parecen fascinantes, me las tomo como una lección, una sesión de aprendizaje. Quiero vivir todas esas situaciones como si fueran reales, para así poder aprender de ellas con la ventaja de que cuando despierte mis actos no habrán tenido ninguna consecuencia.
Lo único que me disgusta de los sueños es que no siempre los recuerdo. Es frustrante no recordar lo que tu mente acaba de vivir. Y me pregunto si en esos casos habré aprendido algo, o si todas las fantasías creadas por mi subconsciente se habrán desperdiciado. No lo sé, y creo que no quiero saberlo. Porque lo que realmente apasiona de los sueños es ese punto de misterio que siempre los envuelve.

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