26 de diciembre de 2008

Manos frías


Si hay algo que odio del invierno es el frío. Odio que se me pongan los pelos de punta y la carne de gallina. Per sobre todo odio tener las manos frías. Ya puedo llevar guantes, guardármelas en los bolsillos de la chaqueta o frotármelas, que mis manos continuarán heladas. Y lo mismo me pasa con los pies.
Mi madre dice que eso es porque tengo los dedos demasiado largos y no me llega bien la sangre. Pero yo creo que es porque me falta alguien con quien acurrucarme en invierno. Me falta alguien que siempre esté dispuesto a frotarme las manos hasta que entren en calor, alguien a quien no le importe que meta mis cubitos de hielo en su espalda calentita, alguien que me coja la mano y me la meta en el bolsillo de su chaqueta. Quizá cuando llegue ese alguien dejaré de tener manos frías.